Proceso de un cuadro
A veces las ideas para un cuadro surgen de repente, otras veces se van fraguando lentamente y un día por fin consigues darles forma. Me gusta anotar las ideas que surgen de pronto, porque puedo dejarlas reposar y volver a ellas cuando siento que estoy preparada para afrontarlas. Lo importante es no desechar ninguna de las locas ideas que uno tiene, porque no sabes la forma final que pueden llegar a alcanzar.
No hay huevos
Esta obra es un claro ejemplo de lo que os comentaba, no surge de pronto, si no que es algo que está latente durante tiempo y por fin encuentra su forma final. Posiblemente pases por delante de este cuadro y te pase desapercibida la ironía que hay en él. Posiblemente no es una obra maestra técnicamente hablando, pero posiblemente es una obra con una profundidad que te sorprenderá en el segundo vistazo.
Esta obra es una mirada aguda y provocadora a los micromachismos que se infiltran sutilmente en nuestra vida diaria.
El arte como motor de cambio
La frase “no hay huevos” actúa como un juego de palabras con una doble connotación, por un lado, es un recordatorio doméstico, una nota típica que cualquiera podría dejar en la cocina. Por otro lado, la expresión “no hay huevos” se utiliza coloquialmente para desafiar la valentía o el coraje, una expresión que históricamente se ha utilizado para cuestionar la masculinidad.
Este juego de palabras hace que el espectador reflexione sobre cómo el lenguaje cotidiano perpetúa estereotipos de género. La obra busca provocar una reacción emocional y mental, llevando a los observadores a reconocer esos micromachismos que han sido normalizados al punto de pasar desapercibidos. A través de una imagen visualmente simple pero conceptualmente compleja, desafío al espectador a enfrentar las sutilezas del machismo en la vida diaria.
